¿Por qué El resto del corcho?

Me he tomado el tiempo de pensar, tal vez para corregir, tal vez simplemente para seguir esculpiendo esta vasija que empezó hace siete meses y darle una forma más cercana a la que ahora creo que siempre quise que tuviera.

Para que me entiendan, explicaré el orígen de “No al Silencio” como concepto y su “materialización” como blog. Una tarde de vacaciones, estaba echado en mi cama viendo el corcho que está colgado en mi cuarto. En él, entre otras cosas, hay una postal que dice “NO AL SILENCIO”. Producto del desparche me puse a especular sobre el mensaje oculto tras esas palabras, y sin darme cuenta terminé inventándoles un significado. El problema es que no estaba muy claro, no era muy fácil ponerlo en palabras que alguien más pudiera leer y entender.

Y como este mundo está gobernado por la ley de la contradicción, quise darle forma a ese concepto precisamente con palabras que alguien más pudiera leer y entender. Con el tiempo me di cuenta que entre esas cosas que significaban “NO AL SILENCIO” estaba la furia, y producto de ésta empecé a escribir escupiendo ideas que juntas parecían formar algo así como escupitajos (¡sorpresa!). Puede que cada una tenga sentido, pero la motivación común era amorfa, “gargajuda” dirían algunos.

Esta pausa obligada por el daño irreparable de mi computador hace algunas semanas, sumada a otros acondecimientos de distintas índoles que me han ocurrido estos días, me hicieron advertir del sinsentido en que estaba convirtiendo el concepto de “No al Silencio” poco después que tomó esa forma: al principio -desde el cambio de template- era algo más racionalizado, tenía más reflexión, pero con el tiempo se volvió algo vano. Ya no era un escupitajo sino un charco, algo sin profundidad ni volumen, pero igualmente amorfo.

De lo que me di cuenta hace poco es que No al silencio (el concepto) no necesariamente significaba grito. El silencio también se puede escribir con minúscula; y un pájaro cantando, la música de una cantina o el susurro del viento contra las ventanas de mi apartamento tambien lo acaban. Y es por eso que decidí que este blog de ahora en adelante sólo será de crónicas. Porque la idea de romper el silencio significa para mí sentarse a escuchar, y el ruido y el grito en cambio ensordecen. Por eso, ahora “No al silencio 3.0” (el blog) son las crónicas de viaje al fondo de la cotidianidad, esa que no grita pero tampoco calla.

Para todo lo demás está “El resto del corcho”, es decir este blog (ver foto). Si alguno o alguna creyó conocerme, o si alguien de casualidad se quedó con las ganas, que lo vea. No puedo evitar que el grito sea parte de mí, al igual que la parte más racional que indaga y no se limita a observar o el mañoso que ya conocen; todo eso estará alli. Ahora, no es un concepto ni algo demasiado importante, no tiene una coherencia “conceptual” más allá de lo que a mí me de la gana de poner. Es decir, el resto del corcho es todo lo que no es No al silencio. Simplemente eso.

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