Por qué votaré por Carlos Gaviria

Está un poco largo, pero no pude evitarlo.

Como a muchos, Uribe no me cae bien. He de confesar que esa es parte de la razón por la cual no voy a votar por él, y por la cual espero que no gane las elecciones. Pero quiero ser un contendor digno, por lo que no trataré de derrotarlo argumentativamente con maniobras de tan poca altura como usar retóricas sonoras y gastadas o como aprovecharse de la supuesta ignorancia del elector promedio para convencerlo con discursos pasionales y posiciones más freudianas que políticas. Intentaré mostrar por qué su política de seguridad democrática se basa en una falacia, y por qué Carlos Gaviria es la opción más conveniente a la hora de actuar en consecuencia con la incongruencia política de nuestro presidente.

La tan polémica y polarizante –sí, nada puede impedirlo- política de seguridad democrática busca básicamente eso, seguridad con miras al fortalecimiento de la democracia. Eso suena muy bonito, pero habría que preguntarse qué entienden los secuaces de Uribe por “seguridad”, y más importante aún, qué entienden por “democracia”. Yo lo interpreto así: para la derecha colombiana, seguridad es la posibilidad de la gente de actuar sin miedo a consecuencias indeseables. La seguridad podría entenderse –correctamente- como una condición de posibilidad de la libertad; entonces la seguridad no sólo es deseable sino necesaria con miras a la construcción de un estado liberal –como el que el presidente tanto se vanagloria de defender cada vez que le preguntan.

Pero ahí ya tenemos una falacia fundamentales, por demás enorme y fácilmente evidente. La primera de ellas consiste en que antes que seguridad, la libertad exige que la gente tenga opciones de acción (leer, por ejemplo, a Locke o a Nozick). No tiene sentido poder salir en carretera si uno no tiene ni carro ni plata para pagar flota; ni dinero para comer mientras se llega al destino –si aceptamos que en Colombia todavía hay conductores que llevan a los autostopistas. Una política de seguridad por la seguridad misma sólo sirve para quienes ya tienen los medios para disfrutarla, sobre todo cuando los recursos para conseguirla se están sacrificando del gasto conducente a brindar las capacidades mínimas a la población que no las tiene; y sobre todo también cuando se quiere ‘maquillar el balance’ cambiando los términos de las encuestas a la conveniencia de nuestro gobierno –por ejemplo, ¿alguien se ha preguntado por qué está bajando el desempleo? Porque ahora desempleado sólo es aquel que no devenga ni un peso, es decir que quienes andan en el rebusque no son desempleados sino subempleados, categoría que ha subido dramáticamente pues está absorbiendo a los desempleados. Entonces, la política de seguridad está, soterradamente o no, eliminando la posibilidad de que muchas personas puedan ejercer sus libertades individuales.

La palabra “democracia” siempre ha sido uno de los comodines de la retórica de los políticos. Fue usada por Hitler, Fidel Castro, Bush padre e hijo, Uribe, etc… Democracia significaba para Pericles (quien se inventó el término) justamente demos-kratein, gobierno del pueblo (alguien que de verdad sepa griego podría ayudarme con el dato verdadero, si es que éste esta mal). Pero eso de por sí es demasiado ambiguo, pues la definición de “pueblo” ha significado tantas cosas en tantos momentos que es difícil saber a qué se refiere. Entonces no es raro que cada político tenga su visión personal de democracia, tanto más peligrosa en cuanto ese político confíe menos en la gente que gobierna.

A mí me da la impresión de que Uribe cree que está mandando sobre un corral, y cual capataz de finca decide sobre la suerte de su ganado sin consultárselo a nadie. Me parece absolutamente indignante que trate a los periodistas y a quienes van a sus consejos comunitarios como “hijos”; pues como sabremos todos los que hemos tenido padres, ellos creen tener la autoridad –y casi siempre la tienen- para decidir por nosotros. Sospecho que nuestro presidente cree que el pueblo colombiano no es dueño de su destino, y de ahí su actitud paternalista que ya raya en el mesianismo. Uribe es un señor que regaña a quienes lo contradicen, esto es, que no respeta el punto de vista divergente como algo eventualmente discutible; que no procura poner a pensar a la gente más allá que en el dulce con el que se le persuade (salir en carretera, exportaciones, eliminación de la diferencia); que cree que sus ideas –si las tiene- son lo suficientemente redentoras como para no confrontarlas con las de los otros candidatos –y para irrespetarlos negándoles el derecho al debate.

En síntesis, la “democracia” por Álvaro Uribe es un gobierno para el pueblo, no del pueblo. Parece que este señor olvidó la diferencia entre democracia y despotismo, y ocurre que la cosa está pensada al revés (por eso tuvo que ponerse en la molestia de redactar un documento que le permitiera ser reelegido). Entonces, la “seguridad democrática” es un antiliberalismo despótico; pero eso es redundante. Entonces, tenemos que la seguridad democrática es antiliberal (no sólo anti-partido liberal); pues restringe el ejercicio de la libertad y del criterio. Yo no se, pero eso me suena a pretotalitarismo evidentemente disfrazado de supuesta libertad contra comunismo supuestamente disfrazado de papá Noel; es decir, que si Uribe tiene razón Colombia está inevitablemente condenada al totalitarismo.

Pero afortunadamente el Mesías es humano, y como tal está expuesto a las vicisitudes de ánimo de cualquier mortal. Es más, está expuesto a meter la lengua en el fuego y a equivocarse cuando eso le pasa, lo que le pasó cuando planteó su ya famosa dicotomía –mientras su auditorio militar aplaudía a rabiar. Tal parece que Uribe comparte el tan paramilitar sesgo hacia la izquierda política como comunismo, mientras que ésta desde hace tiempo ya no se concibe a sí misma como lucha armada. De hecho, si alguien ha intentado ir en contra de los valores que acunan el totalitarismo en Colombia ha sido la izquierda, pues no recuerdo a nadie que se haya preocupado por la libertad individual o por el debate público en las toldas conservadoras-ahora-uribistas como Piedad Córdoba, Gustavo Petro o el mismo Carlos Gaviria.

Lecciones de política elemental: el comunismo es un totalitarismo; entonces es un contrasentido afirmar que la izquierda disfraza el comunismo. Eso ya lo sabíamos; sólo quería recordárselo a quienes piensan que el Polo es una misión encubierta de Stalin o algo así. Lo importante de todo esto es mostrar las razones por las cuales Carlos Gaviria se merece la presidencia –por las cuales Colombia necesita que Carlos Gaviria sea presidente.

Este entrañable abogado encarna precisamente todo lo contrario de lo que hace a Uribe un pretotalitario. En primer lugar sí es consciente de que la libertad individual presupone unas capacidades mínimas de acción, por lo que algunos llaman como populismo -sin fundamentos- no es sino un paso previo hacia su amado liberalismo (aunque he de confesar que, aunque no he oído la primera frase ‘prometera’ de Gaviria; me da miedo que ceda ante la presión de algunos de sus copartidarios menos liberales que él). De hecho, pocas personas en Colombia han metido tanto las manos al fuego por las libertades individuales. Eso lo debe saber cualquiera que haya seguido esta campaña electoral.

En segundo lugar, creo que el candidato del Polo sí considera que el pueblo colombiano es capaz de pensar por sí mismo. Comparar las entrevistas y las alocuciones de Gaviria y de Uribe es suficientemente diciente, el primero si lleva a la reflexión sobre los propios derechos; el segundo solamente inflama oídos incautos. Un papá que le habla a sus “hijos” los invita a despreocuparse, alguien que denuncia hace precisamente lo contrario –recordemos que la preocupación nace de la reflexión. Un presidente que no tiene rudimentos de teoría política ni de lógica del discurso, pero que debería ser doctorado honoris causa -todo hay que decirlo- en psicología y en retórica, simplemente no está en capacidad de pensar como político sino como politiquero.

Por eso es que Carlos Gaviria es el presidente que Colombia necesita, porque es el que puede hacernos despertar del letargo autoritario y paternalista y pellizcarnos como pueblo. Mockus también podría –lo confieso-, pero no es tan fuerte políticamente. Me gustaría que Antanas Mockus alguna vez fuera presidente, pero para aprender a manejar la libertad –lo que hizo que los bogotanos hicieran- hay que primero tenerla. Y ya sabemos quien no puede hacer eso último.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: