Miedo al ‘gorila’

Tras la ‘carta blanca’ que Uribe le dio a Chávez para que hiciera lo posible por negociar el intercambio humanitario con las FARC, lo que se ha sucitado no es ni más ni menos que la muestra de que ni a la gente “bien” ni a la gente poderosa de este país les importan un carajo los secuestrados:

“Hola Julito. A mi me parece horrible que a este mico con traje de Chávez se le den esos poderes. Ahora va a sacar esa excusa para invadir a Colombia y estos fantoches de la ‘pologuerrilla’ van a tomarse el poder”. (algo muy similar dijo una señora en la W el lunes pasado).

Aquí no hay sorpresas, la doña hasta hace poco se sintió libre de volver a su finca y le tiene pánico a que un mico con traje se la expropie. Lo triste del cuento es que, en el contexto del ajedrez político, esta señora tiene algo de razón. Chávez tiene ahora una posibilidad inédita para construírse un nombre en Colombia y, con esto, apadrinar candidatos para intentar anexar a nuestro país a su proyecto totalitario. Lo más triste es que si Chávez fracasa la derecha va a responder con un reflejo de espejo, haciendo exactamente lo mismo pero con los lados volteados. Ya hablan de un tercer mandato de Uribe o de una candidatura de Vargas Lleras (de hecho se de buena fuente que ese es el proyecto oficial de Cambio Radical para 2010). Es más, yo no descartaría en lo absoluto una candidatura presidencial conservadora, el partido azul es —desgraciadamente— un gigante que aunque viva amodorrado sigue siendo un gigante (apuesto a que Jorge Leyva va a ser la gran sorpresa en la carrera por la Alcaldía de Bogotá).

Pero, ya sabemos, el centro del problema no es ese. Los secuestrados, como siempre, son otra oportunidad para echar a andar la ruleta podrida de los partidos y de las luchas entre el totalitarismo y el “neoliberalismo” —que como todos las ‘neocosas’ es de todo menos lo que quiere ser. Dejémonos de pendejadas, para la gente que toma las decisiones en este país el intercambio no tiene nada de humanitario. Ni para Uribe, ni para Chávez y sus secuaces, ni para el Partido Comunista, ni para las FARC. Aquí lo que hay es un mercado de poder instalado en una plaza macabra, en la que los secuestrados se hastían de comer mierda mientras su dignidad humana es otro de esos artículos que unos venden para quedar bien y otros compran para usarlo de corbata.

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