Papas cancerosas

“La ciencia ya probó los riesgos del alcohol y del cigarrillo. Yo puedo arruinarles las gaseosas a todos”
Lisa Simpson

Y ahora nos arruinaron las papas fritas: dicen que causan cáncer. Con seguridad algunos nutricionistas están saltando en un sólo pie, felices porque la gente estará dispuesta a pararles un poco más de bolas mientras dura el escándalo. Nos han repetido hasta la saciedad que la comida rápida es mala, que infla la panza y tapona las venas. Puede ser cierto. Pero ahora tienen un argumento adicional; un argumento con la espantosa cara de la quimioterapia. “Temed a las papas fritas,” dice con voz de traqueotomía un fantasma de piel delgada, cabeza calva y mirada perdida. Muchos las sacarán de su vida como al peor de los demonios.

Como si al mundo le hicieran falta miedos. Infundados o no, es lo de menos: el temor no entiende razones ni escucha argumentos. El mundo le tiene miedo a los que parecen malos, a los que no son del mismo color de los buenos. También a los vecinos, que en la primera oportunidad despotricarán de nosotros aprovechando ese pedacito de intimidad que desafortunamente comparten con nosotros. Además está el cáncer, el sida, el calentamiento global. Somos tan irresponsables que le tenemos miedo a las consecuencias de nuestros actos. A los gases que salen del exhosto de nuestro carro y, ahora, al paquete de papas que compramos aquel día para entretener las papilas mientras íbamos de compras.

Si las papas fritas de verdad causaran cáncer, todos los que hemos sido niños en los últimos 20 años estaríamos enfermos. Y, de ese modo, el cáncer dejaría de ser el reemplazo del coco para quienes no se portan bien. Sería una tragedia cotidiana y no la antesala de la muerte, ese fantasma de bata negra que sirve para hacer que la gente haga algunas cosas y deje de hacer otras.

Pero no, así no funcionan las cosas. En el colegio nos ponían a caminar sobre la línea negra que trazaban los curas paranóicos. Crecimos, y los paranóicos ahora son los médicos. El castigo ya no es una semana sin recreo, sino el riesgo de estar más cerca de la muerte. Como si cada día que se vive no redujera la vida en un día. Y como si las medicinas fueran gratis y la salud fuera un derecho.

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Comments
One Response to “Papas cancerosas”
  1. Anonymous dice:

    José, esto es una COSOTAHombre, ¿quieres que me enamore de vos? ¡Pues lo lograrás, si seguís escribiendo COSOTAS como esta!

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