Mockusistas y furibistas

Hay algo que está saliendo mal en la campaña de Mockus. Que haya que recordar que Mockus no es mesiánico –y que algunos de sus seguidores lo tengan como un mesías– indica que hay una incoherencia entre los postulados del candidato y las acciones de sus seguidores. Y eso es un síntoma de que desde la campaña se está enviando el mensaje equivocado.

Es preocupante que no todos sus seguidores tengan claro que el candidato verde se ubica en las antípodas del mesianismo. Y es más preocupante aún que, so pretexto de los votos, Mockus no esté evitándoles decepciones futuras a sus seguidores. Eso no es honesto, aun cuando no se haga de mala fe.

Lo que más me gusta de Mockus es que no tengo que estar del todo de acuerdo con él para sentirme impulsado a hacerle campaña. Si bien no ha habido claridad en muchos temas de esos que marcan una diferencia entre ser de izquierda y ser de derecha, él ha hecho especial énfasis en que escuchará los argumentos de sus opositores y tomará las decisiones que juzgue como justas y oportunas. A mi juicio, esa actitud de gobierno es la nuez de la democracia. Y precisamente porque durante el mandato Uribe muchísimos colombianos –uribistas y antiuribistas– perdieron esa perspectiva de discusión pública, es que creo que Mockus debe ser presidente.

Pero muchos ‘mockusianos’ que descalifican a quienes no están de acuerdo con ellos no actúan de acuerdo con ese principio. Siendo estrictos, se puede ser ‘mockusiano’ sin votar por Mockus. Cuando se inscribió como candidato a la Presidencia, dijo:

“Si usted va a votar por mí, pero no lo está haciendo en conciencia, no es porque usted lo decide… Mejor no vote por mí. Vote por aquel que le diga su conciencia. Aquel o aquella que le diga su conciencia”.

Ser ‘mockusiano’ es exactamente lo contrario a ser ‘furibista’: es creer que los opositores pueden tener la razón y que, por eso, tienen derecho a ser escuchados –así se trate de opositores ‘furibistas’– . Es creer que el otro también puede razonar y exponer sus propios argumentos. Es ser consciente de que no todos los votos responsables ni honestos tienen que ser votos por Mockus.

La campaña debería pasar de estar basada en la euforia y en explotar el aura de Mockus –que la tiene, y mucha– para empezar a esgrimir los argumentos y las propuestas. Es vital recordarles el ‘mockusianismo’ a algunos ‘mockusianos’, y esa no puede ser una labor de voluntarios ni de blogueros. Llevamos ocho años hastiados del ‘furibismo’ como para que algunos miembros de la ‘ola verde’ nos lo recuerden.

PD: Dicho esto, debo pedir disculpas por este tweet, en el que me comporté como un ‘furi-mockusista’.

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