El profesor de español

(CC) Tim Ellis

[tweetmeme source=”noalsilencio” http://elrestodecorcho.wordpress.com%5D Al profesor Ricardo le gustaba pelear por las causas perdidas. En un colegio masculino, en el que el pragmatismo de los números dejaba poco espacio para la vacilante artesanía de las letras –y aún menos para el “infantil” ejercicio del arte–, se atrevió a quejarse del hecho de que la mayoría de los egresados se convertían en carne fresca para las facultades de ingeniería. Nadie le prestaba mucha atención; algunos considerados le daban una palmadita en el hombro y muchos simplemente lo ignorábamos.

Pero para él se trataba de un asunto muy importante. Enseñar a leer y escribir era la lucha de su vida, una lucha difícil de entender para un puñado de adolescentes que veían a las letras como un requisito odioso para graduarse e ir a la escuela de ingenieros. Como si eso fuera poco, Ricardo no tenía el perfil del profesor amistoso y ‘buena gente’ que los estudiantes de bachillerato adoran. En sus clases era un tipo demasiado serio. Era poco dado a los chistes y nunca olvidaba revisar las tareas. Siempre llegaba puntual e impecable, con el pelo al rape y la camisa por dentro del pantalón.

Además, su apasionamiento no era fácil de advertir. A los ojos del adolescente que yo era, Ricardo era un tipo gris que se comportaba con moderación canónica. Hablaba de su esposa y sus hijos en todas las clases; era fácil imaginarlo llegando del trabajo a revisarles las tareas a los niños y tomando una taza de leche tibia antes de dormir. Por supuesto, sus ímpetus a veces se descarrilaban, pero yo tenía profesores mucho más excéntricos.

Por eso, en sus clases yo me limité a escucharlo sin pretensiones y a hacer las tareas de mala gana. Los años fueron pasando, yo no sabía bien qué quería hacer con mi vida y las clases de español y ortografía de este personaje no me ofrecían ninguna motivación particular. Luego Ricardo dejó de ser mi profesor. A mí me dio lo mismo. Nadie recuerda a un ‘don nadie’.

Yo entré a la universidad a estudiar Periodismo y –como debe ser– la escritura se convirtió en un ejercicio de todos los días. Allí fue cuando comenzaron a aparecer los recuerdos de las clases con Ricardo. Comencé a apreciar esos consejos, que en el colegio me limitaba a memorizar con indiferencia. Me fui dando cuenta de que las clases de este personaje hicieron que yo pudiera escribir de forma competente –algo que debería poder hacer cualquier bachiller, pero que hoy en día es casi una excentricidad–.

Pero aún no habría de descubrir al verdadero profesor Ricardo. Eso ocurrió un buen día, en el que me enteré de que enseñar a escribir no era su única pasión. Resulta que Ricardo, ese aburrido hombre de familia, se estaba follando a la profesora más sexy del colegio. Su esposa lo descubrió, lo echó de su casa y armó un escándalo que termino por hacer que los sacerdotes franquistas del colegio lo despidieran.

Cuando supe quedé de una pieza. Más allá del chisme, lo que me inquietaba era cuán sorpresiva era la historia. Ricardo no era el hombre gris, aburrido y prescindible que yo suponía que era. Muy por el contrario, el tipo había demostrado que podía mandarlo todo al carajo si quería. Era una especie de héroe. No solo por conseguir lo que muchos en el colegio deseábamos –la profesora sexy a menudo protagonizaba nuestros delirios hormonales–, sino también por el objeto de su lucha. Empeñarse en que unos adolescentes supieran –por ejemplo– que “buena ortografía” es un pleonasmo y que “pleonasmo” es un sinónimo de redundancia no era una tarea para gente razonable. Sobre todo cuando les toma tanto tiempo a esos niños darse cuenta.

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Comments
5 Responses to “El profesor de español”
  1. Eliana Poveda dice:

    Hola, de verdad que estoy gratamente sorprendida con las reflexiones que he encontrado en tu Blog, Siento una profunda admiración por la sensibilidad con la que escribes y por la gran capacidad que tienes para expresarte. No te imaginas, como las personas que por casualidad he conocido se refieren a ti, eres totalmente popular en el Rosario, y con razón, si con esto no queda duda del talento que tienes.

    Debo decir que la historia del conejito , y las reflexiones sobre tu vida romántica me han puesto a pensar sobre muchas cosas , nada mejor que aquellas lecturas que hacen que te preguntes cosas sobre ti mismo.

    🙂

  2. Bugmenot dice:

    Banexa es un tanto extendida. Yo solo digo que me gustó lo que leí , slds.

  3. Banexa (alias La Fulana del tuiter) dice:

    Los profesores son como los hermanos: Uno empieza a apreciarlos como se lo merecen cuando ya está entrado en años.

    Supongo que es regla general que si el profesor no habla de su vida adolescente ni cuenta chistes durante la clase, a un bachiller no le va a caer bien. Yo tenía un profesor parecido, igual de pulcro y bien vestido. Mi colegio era completamente diferente al tuyo, enfocado en las humanidades, las artes y las buenas maneras. Nos querían entrenar para ser personas cultas, médicos, abogados y amas de casa capaces de recitar poesía y convencer con un discurso. Eso, claro, no es como las matemáticas, no es que se enseñe y con mucha practica se aprenda. Creo que para lo que querían hacer de nosotros se necesitaba pasión, y muy pocos la teníamos.

    El profesor más conservador de todos era también el rector. El más refinado y culto, nos daba clases de oratoria en el poco tiempo libre que le quedaba… Todos lo detestaban (¿quien no detestaría que su rector le diera clases?) . Un día un compañero lo vio y lo grabó besando a un pintor que vivía cerca, y se armó la grande. Al final armaron un sindicato para hacerlo echar. Sin él, el colegio fue volviéndose más lberal a una velocidad increíble.

    Dos años después participé en un concurso de oratoria nacional. Cuando pasé a decir mi discurso, él estaba en primera fila. Fue a verme a mí, específicamente a mí. Al final parecía ser el más feliz con mi premio y se veía tan orgulloso como si el triunfo hubiera sido suyo. Charlamos largo rato, como nunca antes lo habíamos hecho.

    Nunca pude olvidar eso. Él seguía recordándonos a todos nosotros, se preocupaba por lo que nos pasaba, por nuestro rendimiento y lo que ibamos a hacer de nuestras vidas. Él nos quería a nosotros, las personas que habíamos organizado una comitiva para echarlo por ser gay (yo no estaba en esos, pero por generalización entro al grupo)

    No sé. Tu historia me hizo recordarlo mucho. Me da nostalgia con esos Héroes (como tú los llamas) a los que nadie valora y que te sorprenden con muestras de humanidad que jamás hubieras esperado. El tuyo resultó ser tan rebelde como ninguno hubiera imaginado. El mío resultó ser mejor persona que cualquiera de nosotros.

    ¿Por qué no puedo evitar escribir comentarios del tamaño de novelas cuando leo blogs?

    Ahora sí, comentando de verdad: Me encanta de El Resto del Corcho que narras historias que casi no se encuentran en otros lugares. Desde las cosas viejas y personalísimas de toque nostálgico y unos cuantos renglones que publicaste los primeros meses, a este nuevo estilo que vienes adoptando últimamente, más largo, más público y maduro. Me gusta en especial cómo resaltas las frases, una por párrafo sagradamente. Es un blog excelente, y tú eres un escritor excelente.

    (Además de que tus favoritos me han hecho llegar a otros blogs igualmente buenos, como el de El Hijo de Yaneth… nunca te agradecí por eso)

    Te critico, claro está, la frecuencia de tus publicaciones. Aunqu debo admitir que eso hace más especiales las entradas.

    • José Luis dice:

      Paradójico eso de que al profesor más ‘godo’ de tu colegio lo echaran por homosexual, lo cual tuvo como resultado que el colegio se liberalizara. Cuando se trata de género la gente pierde la razón.

      Gracias por tus flores. Lo de “escritor excelente” no es cierto, solo escribo para ver cómo mejoro. Estoy muy lejos de esa excelencia. Lo de los favoritos, pues esa es la idea, aunque están un poco descuidados (como todo el blog) y deben ser actualizados. También acepto el látigo por no publicar más a menudo, pero la disciplina a veces me cuesta bastante. Espero reunir la voluntad para que ‘postear’ más no se quede en una buena intención.

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